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A mis queridas alumnas de la Preparatoria Panamericana generación 2021 – 2024, futuras universitarias.
Cuenta la leyenda que cuando Miguel Ángel Buonarroti terminó la escultura de Moisés (1513 – 1515), el resultado fue tan realista que le pidió a la obra que hablara tras un golpe en la rodilla, donde actualmente se vislumbra una pequeña marca: Parla! gritó Miguel Ángel a su recién creada obra. La referencia a este mito trae a la mente la ineludible similitud que guarda el educador y cualquier escultor. El Moisés de Miguel Ángel es similar a la relación entre un alumno que culmina la preparatoria y sus formadores.
El escultor debe preparar un molde, comúnmente hecho de arcilla, que es una especie de boceto para la obra y sirve para planear la escultura a realizar. De la misma forma, las familias y los jóvenes alumnos eligen un espacio consistente con sus proyectos y necesidades: la preparatoria y en un futuro la universidad. La inmensa oferta de aulas para transitar por la educación media superior obliga a los interesados a investigar el molde que más se adapte a lo que consideran imperdible en la antesala de su adultez, en la elaboración de la escultura de su vida.
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A continuación debe trabajarse el mármol: limpiarlo y cortarlo para que se asemeje al molde de arcilla. De la mano del ingenio del autor, es una actividad fundamental que determinará la figura a realizar. No dejo de pensar que el mármol son todas las capacidades, talentos, material líquido o gaseoso, por ejemplo, tampoco se pueden formar estudiantes que no estén dispuestos a aprender, crecer, madurar y conocerse. Los jóvenes, piedras que pueden convertirse en lo que quieran, deben apuntar al mismo objetivo que las personas que les rodean: escultores encarnados en sus padres y maestros.
Esculpir una obra requiere vaciar el pedazo de piedra que se utilizará, de tal forma que se aproxime lo más posible al molde de arcilla que se preparó y se deseche lo que no se necesita para lograr la figura. De igual manera, padres y maestros vacían todo lo que el joven alumno no necesita: relaciones sociales que dañan la afectividad, material audiovisual que no nutre a la inteligencia y voluntad, actividades que van en detrimento del bienestar integral, entre otras. Vaciar atinadamente permite que las esculturas se logren y que los alumnos que se gradúan de la preparatoria, futuros universitarios, dejen atrás todo aquello que no les permitía avanzar en su vida académica, pero también en su vida personal y social, pues forman parte de la misma piedra.
Gracias a las escofinas, limas y cinceles, el escultor detalla lo que caracteriza y diferencia a esa escultura del resto. No hay dos obras iguales, así como no hay dos personas idénticas.
Cada alumno destaca en actividades distintas, gusta de pasar su tiempo libre en una u otra actividad. Algunos estudiantes prefieren las matemáticas, otros optan por leer durante horas, algunos más hacen las dos cosas. El perfilamiento de la personalidad es un trabajo minucioso que impulsa a que los alumnos elijan el camino profesional que les corresponde, de acuerdo con sus intereses y capacidades sobresalientes. Los buenos mentores serán capaces de afilar las manos de quienes están llamados a ser artistas, los ojos de los futuros agrónomos, las piernas y los brazos de los atletas de alto rendimiento, la boca de los poetas y los abogados, la nariz de los cocineros profesionales. Qué importante etapa, y qué necesario es concretarla durante la preparatoria, antes de que los alumnos emprendan su camino vital y la escultura se coloque en su destino final.
Finalmente, para sellar la escultura se le añade ácido oxálico. Éste la protegerá de la intemperie en el futuro y la hará parecer luminosa. En la educación media superior, el ácido oxálico es similar a la culminación del último año de la preparatoria, cuando los alumnos reciben notas aprobatorias que les permiten aplicar a la universidad que ellos desean, al curso en el extranjero que les interesa o a un trabajo temporal para confirmar sus intereses profesionales. El ácido oxálico es el abrazo entre amigos que se volvieron hermanos y que nunca más se separarán; es la palmada de satisfacción de los padres de familia por ver la obra concluida, y la sabiduría transmitida a través de los docentes. Los futuros profesionistas ahora brillan, están preparados para colocarse en el lugar que elijan y expresar todo lo logrado hasta ahora.
Es tan realista la imagen de un joven convertido en adulto a punto de dar un salto en su vida académica y profesional que, como Buonarroti, deseo gritarle que hable. Que, a futuro, sus palabras expresen inconformidad por las injusticias, reconocimiento al mérito ajeno, palabras de aliento durante las labores colaborativas, disculpas sinceras y promesas a cumplir. Como todos saben, el Moisés de Miguel Ángel no habló. Sin embargo, con plena certeza, todos los jóvenes que tuvieron una formación detallada y personalizada, igual que la obra del artista italiano, se mostrarán al mundo como esculturas inolvidables, referentes de su país y parteaguas de su vocación.
¡Hablen, queridos estudiantes de preparatoria! ¡Hablen!
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